Escrita por: Señora del Fantasmal
Disclaimer: Los personajes de Mulder, Scully y Skinner le pertenecen a Chris Carter, a la Fox, y a la 1013.
Tipo: MSR, Angst, Post Requiem
Spoilers: Réquiem
Resumen: Tras meses de soledad, la vida de Scully vuelve a tener sentido.
* * *
Luego de abandonar el edificio del FBI, tomó la misma ruta , pasó por los mismos semáforos, y finalmente llegó a un mismo lugar: el departamento de su compañero.
Desde hacía unos cuantos meses esa había sido su rutina. Cuando Dogget se enteró se defendió con la patética excusa de que lo hacía sólo por alimentar los peces de Mulder, ni ella misma lo creía.
Tomó el ascensor, y unos segundos después estuvo frente a la puerta número 42. De su bolsillo derecho sacó una copia de la llave del apartamento y la introdujo en la cerradura. Al cruzar la puerta volvió a sentirse cerca de Mulder, era ésa la razón por la que acudía cada noche: Toda la habitación estaba impregnada todavía de su aroma.
En un acto casi inconsciente colocó una de sus manos sobre su vientre abultado. Habían pasado ya 7 meses desde su desaparición, durante los cuales no había dejado de buscarlo, ,pero hasta el momento sin ningún resultado.
Esa tarde Skinner le había aconsejado que no siguiera con la investigación; al menos no de esa manera, porque en su estado no era recomendable. Debía proteger la vida que se estaba gestando dentro de ella. Y aunque sabía que él tenía toda la razón, se había negado rotundamente, no se perdonaría desistir siquiera un poco en su búsqueda. Skinner insistió al comienzo, pero finalmente ella ganó esa pequeña batalla. No tenía el corazón de prohibirle que se rinda ante la posibilidad de encontrarlo.
Con la vista nublada por las lágrimas y con el alma partida en dos, caminó hacía su sillón y dejó caer todo su peso sobre él. Aquél era el lugar donde más cerca se sentía a Mulder, porque incontables eran las ocasiones en que estuvo sentada allí, junto a su alma gemela, ya fuera para terminar uno de los informes o simplemente para conversar.
Esta soledad la estaba enfermando. Necesitaba escuchar sus locas teorías o sus chistes malos, que ella fingía que los desaprobaba, pero que en realidad le causaban gracia.
Nunca imaginó que llegaría a amar tanto a una persona; sobretodo a una persona que era tildado de paranoico por todo el mundo, menos por ella. Había aprendido a conocerlo y sabía que todos esos apodos no eran mas que sobrenombres estúpidos de personas que lo conocían sólo superficialmente.
Era ella la única persona a quien Mulder le había permitido calar a fondo dentro de su corazón. Por sus pequeños ojos verdes podía ver su alma pura y buena. Se aferraba aún a la idea de que no estuviera muerto, y que volvería para seguir viviendo a su lado.
Tras esos siete meses Skinner se había convertido en un gran amigo. Siempre estaba pendiente de ella, de la salud del bebé , y de que se alimentara bien. Sin Skinner tal vez ya hubiera puesto fin a esta tortura.
Sentía como sus párpados se cerraban cada vez más, realmente estaba cansada, sólo quería dormir, ya habían sido varias las veces que en sus sueños podía ver su cara de niño, su sonrisa y la mirada transparente que le proporcionaba tranquilidad.
Cerró los ojos con un único pensamiento: Te necesito tanto, vuelve.
Cuando abrió los ojos, le pareció haberlos cerrado apenas hace unos minutos. El sonido que la molestaba provenía del teléfono. Contestó la llamada, y al instante, vivir volvió a tener sentido.
- Scully -
- Soy yo – al otro lado se escuchó la voz de Skinner …
* * *
No supo como había llegado sin estrellarse con algún auto al pasarse todas las luces. No las tuvo en cuenta, sólo le importaba algo: él había aparecido. Ahora se encontraba frente a la puerta que la separaba de Mulder, su Mulder.
Antes de girar el pomo, se frenó por un momento. Un miedo increíble se apoderó de ella. Skinner le había dicho que lo habían encontrado, pero no cual era su estado. Rogó por que estuviera en buena condición, aunque aduciendo al tiempo que permaneció secuestrado, no albergaba demasiadas esperanzas. La mano le temblaba, pero finalmente se atrevió a entrar.
- Oh, gracias a Dios – consiguió emitir al verlo: Una mascarilla, monitores, pero nada comparado a como la encontraron a ella.
Tenía cicatrices en el rostro y pensó que también las tendría por el resto del cuerpo; sin embargo, fuera de eso parecía estar bien.
Cautelosamente se acercó hasta estar a su lado, cogió una de sus manos y empezó a juguetear con sus dedos. Después de meses de ausencia, necesitaba tocarlo para saber que en verdad estaba allí, que no era un sueño. Cerró sus ojos y los volvió abrir cuando sintió los dedos de Mulder moviéndose entre su mano. Dirigió su mirada hacia él, observó como sus ojos batallaban por abrirse. Una solitaria lágrima resbaló por su mejilla, realmente volvía a su lado.
Apenas la miró, Mulder le regaló su sonrisa más linda. Dios, como había extrañado esa sonrisa. No pudo menos que retribuírsela. El parecía tener fuerzas sólo para eso, necesitó reunir aire para poder decir una sóla palabra, pero que a los oídos de Scully sonó como la más bella melodía. Anhelaba locamente escuchar su voz.
- H…hola – dijo roncamente. A ella le bastó ese saludo para saber que todo estaría bien. Se aferró a él tan fuerte como pudo, descansando su cabeza sobre su pecho, jurándose no derramar una lágrimas más, por lo menos no una de tristeza.
Mulder sintió el abultado vientre de ella. No puede haber engordado tanto, pensó. Se dio cuenta de lo que ocurría y una sonrisa afloró en sus labios.
- Scully, estás… – Mulder lo había descubierto sin ayuda. Ella se separó lo suficiente para mirarlo a los ojos, y asintió con la cabeza.
- Siempre hay que esperar por un milagro. – Para Mulder no existió palabras que pudieran expresar tanta felicidad. Simplemente alargó su mano, poniéndola sobre el vientre de su compañera. Ella cubrió la de él con su mano, y en ese momento el bebé dio una patadita. Los dos sonrieron al unísono. La familia estaba completa.
FIN
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Ultima edición: 01/01/2006