Posteado por: conexionx | Abril 20, 2007

Silent Night

Escrita por: Señora del Fantasmal
Disclaimer: Los personajes de Fox Mulder y Dana Scully, son propiedad de la Fox , de la 1013 y de su creador Chris Carter.
Spoilers: The Truth, William
Dedicatoria: Especialmente para Alejandro Sanz, quien cumplió años el 18 de diciembre, porque es el hombre con cara de niño más precioso del planeta y canta genial; amo cada una de sus canciones y su forma de ser. ¡Feliz cumple mi niño!
Resumen: En una fecha especial, dos mitades perfectas, se prometen recuperar lo perdido.
Tipo: Angst, RST, Post episode

Era la primera Víspera de Navidad que acaecía desde que escaparon de Washington DC, convirtiéndose así en fugitivos de la Ley. Mulder había sido indebidamente juzgado y condenado a pena de muerte por el asesinato del militar Knowle Rohrer, pero con la ayuda de sus fieles amigos, y la de Scully, logró escapar de la cárcel. Ahora, eran buscados por el gobierno norteamericano, y tenían que estar cambiando constantemente de domicilio para impedir ser localizados. Estaban obligados a permanecer desconectados del mundo, no podían utilizar sus teléfonos celulares o enviar correos electrónicos porque podrían ser rastreados; sin embargo, no perdían la fe. La invasión final de los alienígenas estaba programada para el 20 de diciembre del 2012, y a pesar que les habían advertido que la fecha era impostergable, ellos estaban dispuestos a combatir. Eran luchadores natos, no se rendirían ante hombres inescrupulosos que preferían el exterminio de la humanidad, en lugar de defender el planeta en el que vivían; la ambición de poder había destruido sus almas.

Scully y Mulder creían en la victoria del bien sobre el mal, porque aquella era la única posibilidad de ver nuevamente con vida a su hijo. William. Aquel nombre aún rasgaba sus corazones. En una noche triste y solitaria, en un motel de Nuevo México, Mulder confortó a su amada, asegurándole de que todavía había esperanza. Esas palabras eran las que los mantenía firmes en su lucha contra las fuerzas del mal. Una pequeña vida dependía de ellos, y no la decepcionarían.

Habían transcurrido meses desde que se prometieron no rendirse durante su difícil travesía, y su hermoso milagro, en la seguridad de otra familia, debía de estar ya caminando y balbuceando sus primeras palabras. Lloraban al pensar que no eran sus brazos los que lo acogían tras alguna caída y que tampoco eran sus nombres los que pronunciaba. No recibiría un peluche gris y de ojos saltones como regalo de navidad, pero estaban tranquilos sabiendo que tenía unos padres adoptivos que lo adoraban de igual forma que ellos lo hacían a la distancia.

Extrañaban las pocas horas de seguridad que experimentaron luego del nacimiento de su bebé: Se amaron locamente, cuidaron de la nueva vida engendrada y pretendieron ser una pareja normal; pero no pudieron desprenderse de sus verdaderas identidades y Mulder tuvo que partir lejos para que ninguno de los tres corriera peligro. Scully se quedó sola, con la consigna de proteger el fruto de ambos. Su ímpetu y deseo de cumplir su misión no fueron suficientes. Más de una vez lo secuestraron y atentaron contra él, haciéndola sopesar si es que realmente William estaba a salvo a su lado. Quiso creer que sí, que cuando Mulder regresara, tentarían la opción de salir del país y establecerse en una ciudad recóndita donde no le tuvieran que temer a nadie.

Dios tiene trazado el destino de cada persona, y si el de ellos era separarse de lo único bello que les regalaron, no existía poder humano que pudiera desbaratar aquel designio. Lo cedió en adopción, esperando que una familia bien consolidada, le entregara lo que una madre soltera no se encontraba en condición de dar: Seguridad y el derecho a la felicidad; aunque aquel sacrificio destruyera nobles sueños. Rogó que su opuesto perfecto la perdonara, si es que volvía a casa. Meses después, en una fría y oscura celda militar, Mulder le concedió paz a su conciencia, cuando entendió que no había tenido otra opción; sin embargo, fechas especiales como Navidad, la forzaban a recapacitar. Tal vez hubiera podido tomar una elección más certera, una que no doliera tanto.

El reloj digital señalaban las 12:00 de la noche, mientras una pareja descansaba abrazada sobre la cama, con las cobijas enredadas entre sus piernas. Las calles estaban atestadas de nieve, y una profusa lluvia repicaba contra las ventanas, pero ellos no sentían frío, la intimidad de sus cuerpos era suficiente para mantenerse calientes. Siempre había sido así, sobretodo durante los peores momentos, aquellos que los hacían necesitarse más de lo cotidiano.

La habitación no estaba decorada con adornos navideños: sino había un niño corriendo por la casa, amenazando con quebrar cada ornamento, carecía de sentido. Un gran extraterrestre gris de felpa ocupaba una de las esquinas, en la espera de unas manos regordetas que lo estrujaran. Lo vieron en una tienda, y lo compraron, previendo una locura al día siguiente; pero no eran capaces, amaban demasiado a su hijo como para ponerlo nuevamente en peligro.

Mulder estrechó más contra sí el cuerpo de Scully. Si tan sólo con desearlo pudiera conquistar otras cosas, su felicidad sería completa. Scully conservaba iluminada la mayor parte de su corazón, pero coexistía un espacio vacío y sombrío. William poseía la medida perfecta para llenarlo. En días tristes y lúgubres, donde su mente se volvía una perversa aliada, odiaba a Scully. Nunca se lo confesó, pero la culpaba por haber regalado a su hijo. Este pensamiento lo borraba al instante, porque valía convertirse en un hipócrita. ¿Quién era él para considerarla culpable de algo? Debía reconsiderar mejor los perjuicios sufridos por ella, antes de señalar culpables.

Se removió incómodo bajo el peso de su mujer, sintiéndose despreciable. Era injusto, pero a la vez extraordinario ser su dueño, que ningún otro hombre la haya atrapado con dulces promesas. Suerte la suya. Scully no le reclamaba cosas irrealizables, aceptaba lo escaso que él pudiera ofrecerle. Quería regalarle el mundo, pero un indestructible amor esperaba que fuera suficiente.

- Lo recuperaremos, Mulder – le afirmó Scully levantando la cabeza de su pecho. Miró su rostro y se vio reflejada en su tristeza. Sus pulgares secaron dulcemente sus lágrimas, mientras él con los ojos cerrados, asintió conmocionado – Seremos completamente felices. – lo besó en los labios, al mismo tiempo que una estrella fugaz atravesaba el cielo nocturno.

Aún había esperanza.

FIN

Sugerencias, comentarios a quequeeg0824@hotmail.com ó a sra_delfantasmal@hotmail.com

18/12/2004
01:03 PM


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