Escrita por: Señora del Fantasmal
Disclaimer: Los personajes presentados son propiedad de la FOX, de la 1013, y de su creador Chris Carter.
Spoilers: Dreamland.
Dedicatoria: A aquellas personas que me han pedido insistentemente la continuación de este fic. Va por ellas.
Tipo: XF,¿H?,Weird
Feedback: siii!!! Por favor, a sra_delfantasmal@hotmail.com
Resumen: Scully se queda a cargo de un singular niño de cuatro años…
Nota: Situada cerca al final de la sexta temporada. “La Fowley” aún está viva.
* * *
Las puertas del ascensor del cuarto piso se abrieron y Dana Scully apareció vestida con ropa casual. Llevaba puesto un jean color azul, una blusa blanca de manga larga ceñida al cuerpo y un largo abrigo negro. Con pasos cadenciosos se acercó a la puerta del apartamento de su compañero de trabajo: Fox Mulder. Esa mañana habían cerrado un caso en Portland y dado que al día siguiente tenían que entregarle el informe con las debidas conclusiones a su subdirector Skinner, decidieron reunirse esa noche en casa de Mulder.
Como era habitual en ella, llegó a la hora exacta – siete de la noche – y tocó la puerta con los nudillos. Tras esperar varios minutos a que Mulder le abriera, preocupada, de su bolso sacó una copia de la llave y abrió la puerta. No le sorprendió que todas las luces estuvieran apagadas. Mulder lo prefería así. Lo que llamó fuertemente su atención fue que el televisor estuviera apagado. Eso sí que no era normal en su compañero.
¿Estaría durmiendo? Aquella era una remota posibilidad. Mulder no acostumbraba a dormir a esas horas, a menos que estuviera verdaderamente cansado. Antes de que pudiera entrar a su cuarto, escuchó un leve gemido que provenía de la sala. Confundida – porque se trataba del primer lugar donde había buscado – regresó a la sala y, esta vez, encendió la luz.
Lo que vio la dejó perpleja en su sitio. Su boca se abrió del asombro, y los ojos se le ensancharon. Un niño de aproximadamente cuatro años de edad la miraba asustado y con los ojos inundados de lágrimas, parado en mitad del salón.
Lo que más la intrigó fue la camiseta gris que el pequeño llevaba puesto y que, definitivamente, pertenecía a un adulto. Aparte de eso, las medias blancas que cubrían sus pies, estaban a medio poner. La escena remataba con un boxer también de adulto, tirado sobre el suelo, a un costado.
No reaccionó durante unos minutos, pero cuando finalmente los engranajes de su cerebro recobraron su funcionamiento, lo primero que pensó fue que todo ese escenario era obra de Mulder. ¿De quién más?
Probablemente era su sobrino, pero en el momento que recapacitó sobre esta idea, la desechó. Por triste que sonará, Mulder no tenía ningún pariente cercano vivo. No que ella supiera. Además, pensando seriamente, ¿quién en sus cinco sentidos dejaría a un niño en manos de su compañero? No es que no se pudiera confiar en Mulder. Scully confiaba en él ciegamente. Pero Mulder no podía cuidar ni siquiera de sí mismo.
Abandonó sus cavilaciones, cuando notó que había permanecido demasiado tiempo callada, y que el niño continuaba mirándola aprensivamente, incluso más que hace unos minutos.
- Hola – dijo con una sonrisa amistosa, para darle confianza. Se acercó al niño y se arrodilló en frente de él, hasta quedar a su altura. – ¿Cómo te llamas? -
- Fox – dijo inmediatamente, con una seguridad y una tonada cantarina, que en primera instancia le causó gracia; pero que luego de unos segundos de reflexión, la perturbó. Su mente comenzó a hacer las conexiones. La ropa, el nombre, esa singular mirada…
Pensar que ese niño podía ser hijo de Mulder, le produjo una inesperada punzada en el corazón, un dolor muy parecido al de la traición. Pero al instante, intentó recomponerse, reprendiéndose a si misma por reaccionar de esa manera. Mulder y ella sólo eran amigos, no se debían ese tipo de fidelidad.
Además, era ilógico suponer que Mulder le hubiera guardado tan importante secreto. Ambos eran reservados con ciertos aspectos de su vida, pero no podía y no quería creer que su compañero – su mejor amigo – no le hubiera contado algo de tanta relevancia.
Tenía que haber otra explicación, así que procurando esconder su consternación del pequeño, cuya mirada continuaba encima de ella, lo condujo de la mano al sillón y se sentaron. Estaba dispuesta a descubrir cual era la verdad tras esta extraña situación.
- Bien, Fox, mi nombre es Dana – dijo sonriendo, extendiendo amistosamente su mano hacia el niño, quien la cogió sin dudar – ¿sabes cómo llegaste aquí? – Fox negó con la cabeza. Una mueca de frustración se plasmó en el rostro de Scully. Esta no era la respuesta que esperaba, aunque tampoco podía pedir mucho más de un niño de escasos cuatro años. Si conseguía algo sustancial, que le ayudara a desentrañar este misterio, iba a ser un milagro. Decidió hacerle otra pregunta, que estaba segura, si podría contestarle afirmativamente. – ¿Sabes dónde vives? -
- Chilmark – pronunció trabándose ligeramente en la palabra, balanceando sus delgadas piernas que colgaban fuera del sillón. Una idea surrealista cruzó fugazmente por la mente de Scully. La rechazó porque su estricto razonamiento, basado en unos parámetros bien estructurados, de lo que podía ser científicamente plausible y lo que no, jamás podría aceptar tal hipótesis.
- ¿Y cómo se llaman tus papás? – continuó su interrogatorio, esforzándose por mantener la calma, o al menos fingirla ante el niño.
- Teena y Bill – dijo tranquilamente; pero agobiado por tantas preguntas, caminó hacia la pecera, y pegando su rostro al cristal, se dedicó a contemplar los peces, dejando a una Scully estupefacta, impedida de formular algo coherente. Pocas veces un hecho era capaz de reducirla a ese estado. Ella siempre apelaba hasta gastar el último argumento.
En cambio ahora, en su mente sólo se repetía una y otra vez, como un mantra, que debía estar sumergida en un mal sueño, a pesar de que en algún pequeñisimo espacio de su cerebro, sabía que se estaba enfrentando al mundo real.
Mulder era el niño que observaba atentamente a los peces de colores, nadar agonizantes en el agua turbia de la pecera. Volteó a mirarlo, todavía incrédula, pero con la certeza creciendo de a pocos en su cabeza.
Inclinó el torso sobre sus rodillas y comenzó a masajearse las sienes maniáticamente, confusa y un poco aterrada por lo sucedido. De pronto una voz infantil llegó a sus oídos, haciéndola salir de su trance.
- ¿Dana? – dijo poniendo su pequeña mano sobre su hombro – quiero ir al baño – pidió dando pequeños saltitos sobre el sitio.
- Si, claro. Vamos – dijo parándose y dirigiéndolo al baño con una mano en su espalda. Esperó a que terminara de orinar y después le ayudó a lavarse las manos, resistiéndose todavía a creer estar viviendo esa experiencia.
Su estómago comenzó a gruñir, y en el momento que vio la hora en su reloj, dedujo que el niño – a quien todavía no podía llamar por su verdadero nombre – debía sentir algo similar. Estaba hambrienta.
Sin embargo; antes de terminar de asimilar toda esta disparatada realidad, realizó un postrero intento por ubicar a Mulder. Marcó el número de su celular, pero el aparato timbró en la misma habitación. Mascullando una grosería, regresó su atención al crío.
- ¿Quieres comer una hamburguesa? –
- ¡Si! – respondió emocionado, corriendo graciosamente hacia la puerta.
- ¡Ey, espera! ¡No puedes salir así! – dijo alcanzándolo con una manta en sus manos. Lo cubrió por completo, y luego de apagar la luz, lo cargó, y salió del apartamento.
En el pasillo, una vecina del edificio, se extrañó al verla saliendo con un niño en brazos del domicilio de Fox Mulder, pero no dijo nada.
* * *
Fox estaba sentado en el asiento trasero del auto, arrimado a la ventanilla, viendo el exterior con una excitación propia de su corta edad.
Scully había ajustado el espejo retrovisor para poder observarlo. Le parecía increíble que aquella criatura fuera su compañero. Siempre se había preguntado como hubiera sido conocer al Mulder de esa edad; sin embargo, pensarlo, no significaba desear que se hiciera realidad.
Ahora no sabía que hacer. Lo único que tenía en mente era hacerle a la mañana siguiente una prueba de ADN, y luego ir a la guarida de Los Pistoleros Solitarios para averiguar si un fenómeno así había ocurrido antes.
Podía imaginar las caras que pondrían, algo similares a cuando Mulder cambió de cuerpo con Morris Fletcher, en el caso del área 51.
- ¿Dónde están mis papás? – La pregunta del niño no la cogió desprevenida. En realidad, había estado esperando este momento.
- Ellos…se han ido de viaje – fue la excusa que había planeado hace unos minutos. Fox permaneció callado unos segundos, con la mirada todavía fija en la calle, aparentemente tranquilo con la respuesta recibida.
Scully continuó manejando, aliviada de que el niño se hubiera olvidado del tema. Aún no estaba psicológicamente preparada para lidiar con un pequeño Mulder llorando por la ausencia de sus papás; sin embargo, la calma no duró demasiado.
- Quiero ir con ellos - dijo con su labio inferior temblando, y una lágrima escapándose de sus preciosos ojos verdes. Scully tuvo que detener el auto y voltearse para consolarlo.
El verlo afligido en el asiento trasero, con varias lágrimas resbalando por sus redondas y coloradas mejillas, la hizo olvidar por un momento su desconcierto, olvidar que ese crío era en verdad su compañero de casi cuarenta años, y llevarlo con ella adelante.
- Tus papás no han podido llevarte, pero yo soy amiga de ellos y me dejaron a tu cuidado ¿de acuerdo? – le explicó acariciando su espalda, mientras él sollozaba sobre su pecho. – Van a traerte muchos regalos cuando regresen ¿Te gustan los regalos? – Fox asintió vehementemente en su regazo. Para alegrarlo un poco, decidió recordarle la hamburguesa que le había prometido minutos antes en el departamento – ¿Qué te parece si vamos por esa rica hamburguesa, eh? – le preguntó separándolo lo suficiente para poder secar sus lágrimas.
- Sí – dijo mostrando una sonrisa, pero con los ojos todavía hinchados y enrojecidos por el llanto. Scully lo acunó unos minutos más, hasta tranquilizarlo completamente, y luego de acomodarlo en el asiento del copiloto y abrocharle el cinturón de seguridad, volvió a poner el carro en marcha.
Continuará…
Sugerencias, comentarios a quequeeg0824@hotmail.com ó a sra_delfantasmal@hotmail.com